Muerte y resurreción del dios del maíz
Enrique Florescano
http://www.nexos.com.mx
Los misterios de la muerte y la resurrección son temas centrales de los mitos de creación mesoamericanos, y ambos están íntimamente relacionados con el inframundo, la germinación del maíz, la comunicación con los ancestros y la concentración de estas fuerzas tremendas en la persona del supremo gobernante.
Los testimonios más antiguos muestran que el inframundo era un lugar acuoso, donde abundaban los ríos y lagos, habitado por una población diversa y alucinante: personajes antropomorfos que conviven con enanos y jorobados, seres mitad humanos y mitad animales, o enteramente zoomorfos y monstruosos, dioses envejecidos, criaturas descarnadas. Eran los seres que significaban la enfermedad, el decaimiento físico, el sacrificio humano y la muerte, y por eso sus cuerpos tienen pintas negras que indican la descomposición de la carne, o se representan en forma de esqueleto (figura 1). Para los mayas, Xibalbá era el lugar del frío y del terror, y también de la oscuridad, pues durante la noche el inframundo rotaba sobre la tierra y se convertía en el cielo nocturno.
Figura 1. Escenas, personajes y animales del Inframundo. J. Kerr, The Maya Véase Book, Vol. 3, 1992, p. 446. (Fragmento.)
En el pensamiento mesoamericano el inframundo, la superficie terrestre y el espacio celeste eran regiones claramente distinguibles por sus propias características, pero no mundos separados. Cada una de ellas se comunicaba con la otra a través de portales que se abrían mediante la ejecución de actos extraordinarios. Uno de los sitios más representados del inframundo eran las cuevas, que son precisamente los umbrales que comunicaban a esta región con la superficie de la tierra. Las cuevas eran los portales por donde emergían las fuerzas del interior de la tierra, y los conductos por los que descendían al bajo mundo los seres y las fuerzas terrestres. El más famoso de estos umbrales era la gran boca del monstruo de la tierra, que se figuraba en forma de una mandíbula abierta, o como un recinto cuatrifoliado o cruciforme, en cuyo interior se representaban escenas y personajes del inframundo. Dos notables monumentos olmecas de Chalcatzingo (figuras 2 y 3), muestran la gran boca del monstruo de la tierra y el interior de una de las cuevas del inframundo.
Figura 2. Monumento olmeca de Chalcatzingo que representa la gran boca del inframundo.
Figura 3. Monumento de Chalcatzingo que muestra el interior de una cueva de inframundo.
En ambas representaciones es clara la alusión a los poderes germinativos del interior de la tierra. En la figura 3 se ve, en una representación muy narrativa, que de las nubes de la parte superior caen gotas de lluvia, las cuales al irrigar la superficie exterior de la cueva provocan el brote de plantas de maíz. La figura humana que aparece sentada en un trono en el interior de la cueva, que algunos identifican como un Señor de la Tierra o de la Lluvia, tiene en sus manos una especie de cetro con un dibujo semejante a las volutas que salen de la boca abierta de la cueva. En conjunto, estas imágenes comunican la idea de que en el interior de la tierra se verificaba el acto trascendental de generación de la vida vegetal, y que la cueva que simboliza el inframundo era un generador de energía cósmica.(1)
En estos primeros cosmogramas, o representaciones en imágenes básicas de la concepción del cosmos, se manifiesta también la función que los señores y dirigentes querían representar ante su pueblo. En el monumento olmeca de Chacaltzingo se observa que el personaje sentado en el interior de la cueva aparece como el ser que concentra y maneja los poderes del agua y de la tierra que producen el milagro de la planta del maíz. En adelante, la imagen de la planta del maíz como símbolo de la reproducción de la vida vegetal será incorporada por los gobernantes a su propia efigie, para mostrar su identidad con los poderes reproductores de la naturaleza.
En varios objetos y monumentos que representan a los dirigentes olmecas se observa que la planta del maíz brota de la cabeza de estos personajes (figura 4). También puede verse que los símbolos de esta planta: la mazorca, las hojas y los granos del maíz, son los elementos básicos de la banda frontal que adornaba a los dirigentes y los distinguía de los demás mortales. Desde estos años, los símbolos de la floración de la planta de maíz, convertidos en objetos preciosos de jade, decoraban la banda frontal que señalaba a los gobernantes. En otras representaciones se observa una hendidura en forma de V que parte en dos la cabeza del personaje, de la cual brotan los símbolos de la planta del maíz.
Figura 4. Pieza de jade olmeca con un personaje de cuya cabeza brota una planta estilizada de maíz.
En la práctica agrícola que sustentaba la vida de estos pueblos, cada año la semilla del maíz se introducía en la tierra mediante un hoyo o hendidura que rompía la superficie terrestre, y al cabo de ocho días de permanencia en el inframundo, su bruto resurgía de esas profundidades, abriendo otra vez la tierra para hacer surgir la planta del maíz. Esta entrada de la semilla en el seno de la tierra, y su prodigioso renacimiento en la forma de planta productora de vida, era un ciclo que implicaba el sacrificio. Para que la planta y la mazorca del maíz germinaran cada año en el otoño, cada primavera una parte de la cosecha anterior, convertida en simiente, debía sacrificarse a la tierra, donde sufría en su interior un proceso de descomposición y transformación que convertían a la semilla enterrada en fruto nutriente, revitalizador. En este sentido, el grano del maíz era la simiente preciosa, el ancestro de quien dependía la reproducción de la cosecha futura, y el cogollo o núcleo vital que aseguraba la continuidad del ciclo de muerte y resurrección de la naturaleza.
Este ciclo de muerte y resurrección de la planta del maíz estableció, para todos los pueblos mesoamericanos, el paradigma de los procesos de creación. De acuerdo con el proceso de generación del maíz, toda creación forzosamente implicaba el sacrificio de una parte de la vida, y en el caso de la creación de seres o materias vitales, esta creación se verificaba en el inframundo, a través de la transformación de la materia desgastada en energía vital.(2)
Un caso ejemplar del tránsito de la muerte a la resurrección es el que convierte a la planta del maíz en entidad sobrenatural que simboliza la muerte y germinación de la vegetación a través del sacrificio. En un extraordinario vaso procedente del sitio olmeca de Chacaltzingo, Brian Stross descubrió en la iconografía de esta pieza una de las más tempranas manifestaciones del dios del maíz (figura 5) y, a través de esta deidad, la íntima relación mesoamericana entre la creación de la vida (la germinación vegetal) y el sacrificio de la sangre.(3)

Figura 5. Vaso de Chacaltzingo, con una de las representaciones más antiguas del dios del maíz.
Según Stross, este vaso olmeca y el plato maya llamado de Princeton, con el cual compara al primero, tienen como imagen central al dios del maíz. En ambos se distinguen los tres niveles del eje vertical del cosmos: inframundo, superficie de la tierra y región celeste, y son muy claras, sobre todo en el plato de Princeton, las orientaciones espaciales hacia los cuatro rumbos del universo.
La cabeza desmembrada que ocupa la parte central del vaso de Chacaltzingo tiene en su parte media, como sus antecesoras olmecas de la costa del Golfo de México, una hendidura profunda, de la cual brotan hojas de maíz, y en el penacho superior también se representa la vegetación del maíz. Es visible en la boca abierta del dios el diente frontal muy agudo, que es símbolo de los instrumentos dedicados al sacrificio del derramamiento de sangre. Según la interpretación de Stross, la figura del dios del maíz que aparece en estas piezas funciona como un Axis Mundi que liga el inframundo con la superficie terrestre y el cielo, y representa un lugar de transformación, mediación y balance.(4)
Los nuevos estudios que han revolucionado nuestro conocimiento de la cultura maya, también le han prestado atención a las representaciones del dios del maíz. El análisis iconográfico ha iluminado los diversos componentes y glifos asociados a la figura del dios del maíz, los personajes que lo acompañan, y su vínculo con el sacrificio por decapitación y la regeneración de la vida en las profundidades del inframundo. Retomando estudios anteriores, Karl Taube mostró que una característica del dios del maíz maya en la época Clásica es la representación de su cabeza en forma extremadamente alargada -que simula la mazorca de la planta-, su cráneo tonsurado, que asimismo busca alargar la cara, y su apariencia juvenil (figura 6). El dios del maíz es el ideal de belleza, juventud, regeneración y fuerza vital del mundo maya en la época Clásica, y su nombre era Hun Nal Ye: Hun quiere decir uno, Nal grano de maíz, y Ye es un término con varios significados.(5)
Figura 6. Cabeza del dios maya del maíz, Hun Nai Ye.
La identidad de la cabeza del dios del maíz con la mazorca de la misma planta es notoria en diversos objetos mayas y de otras culturas, donde es claro que la cabeza del dios es el equivalente de la mazorca. En estas y otras representaciones la cabeza del dios, desmembrada del cuerpo, alude al sacrificio por decapitación. Al observar la representación de cabezas del dios del maíz en platos y vasos funerarios mayas de finales de la época Clásica, Michael Coe sugirió que éstas representaban la cabeza decapitada de Hun Hunahpú, el héroe mítico maya que primero desciende al inframundo y es decapitado por los señores de Xibalbá.(6) Taube señala que las cabezas decapitadas con foliación de maíz "claramente simbolizan la mazorca cortada de la planta. Es probable que la cabeza desmembrada y tonsurada también represente el maíz cosechado".(7)
Otro paso adelante en el esclarecimiento del simbolismo del dios del maíz y su relación con el inframundo lo dio Nicholas Hellmuth. Al estudiar la cerámica y los monumentos mayas, Hellmuth descubrió un personaje casi siempre representado con aspecto juvenil y cabeza muy alargada, y con un atuendo peculiar, que más tarde Taube identificó como el dios maya del maíz en la época Clásica. Este personaje lleva un collar, un pectoral y una falda ornados con motivos de esferas y cilindros de jade. Su cinturón se compone de una serie de cilindros tubulares, que caen verticalmente, y exhibe un faldellín en forma de red hecho de bolitas y cilindros de jade, y sobre él un medallón de concha (Spondylus) con la efigie del monstruo Xoc. Hellmuth observa que en el tablero de la Cruz Foliada de Palenque (figura 7), Chan Bahlum, el rey que sucede a Pacal en el trono de esa ciudad, porta un atuendo muy semejante al del dios del maíz.
Figura 7. Tablero de la Cruz Foliada de Palenque con las figuras del nuevo rey de esa ciudad, Chan Bahlumn, a la izquierda y del rey muerto, Pacal, a la derecha. En medio se levanta un árbol cósmico, representado por una planta de maíz, de cuyas armas emerge la cabeza del dios del maíz en forma de mazorca.
En esta representación parece que Chan Bahlum, vestido con su espléndido traje verde, personifica al maíz naciente, pues su cuerpo emerge de una hendidura en la cabeza del monstruo de la tierra, de la cual brotan hojas de maíz.(
Por mi parte, creo que Pacal, la figura frente a Chan Bahlum, representa al maíz enterrado en el interior del inframundo, pues su cuerpo se levanta sobre una foliación del maíz donde sobresale la cabeza decapitada del dios del maíz en forma de mazorca. En esta imagen del tablero de la Cruz Foliada de Palenque la sucesión dinástica entre el rey muerto y el rey vivo se ha hecho equivalente al ciclo de muerte y resurrección de la planta del maíz en el inframundo: la sucesión real se ha convertido en metáfora del ciclo eterno de renovación de la naturaleza. Así como el dios del maíz muere en la cosecha y renace en cada siembra, la sangre real se interpretó como la semilla preciosa que vinculaba a los reyes muertos con sus sucesores.(9) En los tableros del Templo de la Cruz Foliada, grabados en el año 690 para conmemorar la ascensión al trono de Chan Bahlum, también se inscribió la versión palencana del origen del cosmos, el cual se dice que fue ordenado y puesto en movimiento por Hun Nal Ye, el Primer Padre, el dios del maíz, el primer día 4 Ahau 8 Cumku (13 de agosto de 3114 a. C.), el primer día que para los mayas comenzó la era actual del mundo.(10)

Siguiendo los caminos abiertos por Michael Coc, Francis Robicsek y Donald M. Hales publicaron The Maya Book of the Death, un libro que contiene una colección extraordinaria de fotografías de vasos funerarios mayas. En las primeras ediciones dedicadas a estos vasos, Michael Coe descubrió que una parte de estas escenas se referían al célebre viaje de los Gemelos Divinos al inframundo que narra el Popol Vuh. El libro de Robicsek y Hales, además de enriquecer la saga de los gemelos con nuevas imágenes, da a conocer otros vasos donde el acto principal es la entrada del dios del maíz en el inframundo y su renacimiento en la superficie terrestre. Así, en escenas muy narrativas y extrañas, el dios del maíz parece enfrentarse, en un medio acuático, a otros personajes que lo amenazan con hachas e instrumentos de decapitación. En otro episodio de esta saga, que hoy nos parece interminable, se le ve en una región también acuática, departiendo con mujeres jóvenes desnudas. En unos huesos labrados encontrados en una tumba de Tikal, el dios del maíz es transportado en una canoa que conducen dos dioses remeros hacia las profundidades del inframundo, donde la canoa termina por precipitarse (figura
. Lo acompañan en este viaje una iguana, un mono araña, un perico y un perro, y debe recordarse que en el Popol Vuh unos animales semejantes son los que descubren el sitio donde se encontraba la montaña escondida de los mantenimientos, el lugar donde se guardaban las mazorcas amarillas y blancas del maíz.(11)
Figura 8. El dios del maíz viaja en canoa por el inframundo, acompañado por dos dioses remeros, una iguana, un mono, araña, un perico y un perro, en busca del lugar escondido de los mantenimientos.
Otro vaso presenta tres episodios del viaje de Hun Nal Ye por el inframundo: en la parte inferior el dios aparece en la posición de los recién nacidos, como si acabara de nacer. En la parte superior, los dioses remeros lo conducen en una canoa, y lleva abrazada a su pecho una bolsa con granos de maíz. Es decir, en estas imágenes Hun Nal Ye regresa del lugar donde estaban escondidos los mantenimientos, y por eso carga ahora las preciosas mazorcas amarillas y blancas del maíz. En la escena final de la izquierda, dos mujeres desnudas lo ayudan a ponerse su traje de jade verde (figura 9). En otro bellísimo plato, se ve en el lado derecho a uno de los Gemelos Divinos con un recipiente que contiene los objetos simbólicos del atuendo del dios del maíz, mientras que en el lado izquierdo parece que Hun Nal Ye ejecuta la ceremonia del sacrificio de su propia sangre (Figura 10). Las escenas que muestran a Hun Nal Ye desnudo, y luego en el proceso de recibir los ornamentos y símbolos por los que se le reconoce, son parecidas a las imágenes del Códice de Viena, donde se ve al Ehécatl o Quetzalcóatl mixteco, 9 Viento, recibir sus vestiduras y símbolos de los dioses creadores (figura 11).
Figura 9. Vaso funerario maya que describe tres episodios del viaje de Hun Nal Ye por el inframundo. En la parte superior se ve al dios del maíz en medio de los dioses remeros, con la bolsa de los granos de maíz que ha rescatado de la montaña escondida de los mantenimientos.
Figura 10. Vaso funerario que muestra a uno de los Gemelos Divinos con un recipiente que contiene los adornos y símbolos del vestido de Hun Nal Ye.
Figura 11. Página del Códice donde se ve en la parte superior al dios mixteco 9 Viento recibiendo en el cielo las insignias que lo identificarán como Ehécatl descender del cielo a la tierra, vestido con todos sus ornamentos y símbolos.
Otros vasos presentan a Hun Nal Ye preparándose para su resurrección, asistido por dos mujeres que lo ayudan a vestirse. Antes de ese momento climático, se observa al dios del maíz, ya vestido con su traje de jade verde, ejecutar una danza que anticipa su renacimiento glorioso. El hermoso vaso llamado de Jauncy presenta a Hun Nal Ye vestido con el atuendo de redes de jade bailar la danza que precede a su resurrección (figura 12). Otros vasos que registran esta misma escena, indican que la ejecución de la danza antes de la resurrección era uno de los actos principales de esta saga.(12)
Enrique Florescano
http://www.nexos.com.mx
Los misterios de la muerte y la resurrección son temas centrales de los mitos de creación mesoamericanos, y ambos están íntimamente relacionados con el inframundo, la germinación del maíz, la comunicación con los ancestros y la concentración de estas fuerzas tremendas en la persona del supremo gobernante.
Los testimonios más antiguos muestran que el inframundo era un lugar acuoso, donde abundaban los ríos y lagos, habitado por una población diversa y alucinante: personajes antropomorfos que conviven con enanos y jorobados, seres mitad humanos y mitad animales, o enteramente zoomorfos y monstruosos, dioses envejecidos, criaturas descarnadas. Eran los seres que significaban la enfermedad, el decaimiento físico, el sacrificio humano y la muerte, y por eso sus cuerpos tienen pintas negras que indican la descomposición de la carne, o se representan en forma de esqueleto (figura 1). Para los mayas, Xibalbá era el lugar del frío y del terror, y también de la oscuridad, pues durante la noche el inframundo rotaba sobre la tierra y se convertía en el cielo nocturno.
Figura 1. Escenas, personajes y animales del Inframundo. J. Kerr, The Maya Véase Book, Vol. 3, 1992, p. 446. (Fragmento.)
En el pensamiento mesoamericano el inframundo, la superficie terrestre y el espacio celeste eran regiones claramente distinguibles por sus propias características, pero no mundos separados. Cada una de ellas se comunicaba con la otra a través de portales que se abrían mediante la ejecución de actos extraordinarios. Uno de los sitios más representados del inframundo eran las cuevas, que son precisamente los umbrales que comunicaban a esta región con la superficie de la tierra. Las cuevas eran los portales por donde emergían las fuerzas del interior de la tierra, y los conductos por los que descendían al bajo mundo los seres y las fuerzas terrestres. El más famoso de estos umbrales era la gran boca del monstruo de la tierra, que se figuraba en forma de una mandíbula abierta, o como un recinto cuatrifoliado o cruciforme, en cuyo interior se representaban escenas y personajes del inframundo. Dos notables monumentos olmecas de Chalcatzingo (figuras 2 y 3), muestran la gran boca del monstruo de la tierra y el interior de una de las cuevas del inframundo.
Figura 2. Monumento olmeca de Chalcatzingo que representa la gran boca del inframundo.
Figura 3. Monumento de Chalcatzingo que muestra el interior de una cueva de inframundo.
En ambas representaciones es clara la alusión a los poderes germinativos del interior de la tierra. En la figura 3 se ve, en una representación muy narrativa, que de las nubes de la parte superior caen gotas de lluvia, las cuales al irrigar la superficie exterior de la cueva provocan el brote de plantas de maíz. La figura humana que aparece sentada en un trono en el interior de la cueva, que algunos identifican como un Señor de la Tierra o de la Lluvia, tiene en sus manos una especie de cetro con un dibujo semejante a las volutas que salen de la boca abierta de la cueva. En conjunto, estas imágenes comunican la idea de que en el interior de la tierra se verificaba el acto trascendental de generación de la vida vegetal, y que la cueva que simboliza el inframundo era un generador de energía cósmica.(1)
En estos primeros cosmogramas, o representaciones en imágenes básicas de la concepción del cosmos, se manifiesta también la función que los señores y dirigentes querían representar ante su pueblo. En el monumento olmeca de Chacaltzingo se observa que el personaje sentado en el interior de la cueva aparece como el ser que concentra y maneja los poderes del agua y de la tierra que producen el milagro de la planta del maíz. En adelante, la imagen de la planta del maíz como símbolo de la reproducción de la vida vegetal será incorporada por los gobernantes a su propia efigie, para mostrar su identidad con los poderes reproductores de la naturaleza.
En varios objetos y monumentos que representan a los dirigentes olmecas se observa que la planta del maíz brota de la cabeza de estos personajes (figura 4). También puede verse que los símbolos de esta planta: la mazorca, las hojas y los granos del maíz, son los elementos básicos de la banda frontal que adornaba a los dirigentes y los distinguía de los demás mortales. Desde estos años, los símbolos de la floración de la planta de maíz, convertidos en objetos preciosos de jade, decoraban la banda frontal que señalaba a los gobernantes. En otras representaciones se observa una hendidura en forma de V que parte en dos la cabeza del personaje, de la cual brotan los símbolos de la planta del maíz.
Figura 4. Pieza de jade olmeca con un personaje de cuya cabeza brota una planta estilizada de maíz.
En la práctica agrícola que sustentaba la vida de estos pueblos, cada año la semilla del maíz se introducía en la tierra mediante un hoyo o hendidura que rompía la superficie terrestre, y al cabo de ocho días de permanencia en el inframundo, su bruto resurgía de esas profundidades, abriendo otra vez la tierra para hacer surgir la planta del maíz. Esta entrada de la semilla en el seno de la tierra, y su prodigioso renacimiento en la forma de planta productora de vida, era un ciclo que implicaba el sacrificio. Para que la planta y la mazorca del maíz germinaran cada año en el otoño, cada primavera una parte de la cosecha anterior, convertida en simiente, debía sacrificarse a la tierra, donde sufría en su interior un proceso de descomposición y transformación que convertían a la semilla enterrada en fruto nutriente, revitalizador. En este sentido, el grano del maíz era la simiente preciosa, el ancestro de quien dependía la reproducción de la cosecha futura, y el cogollo o núcleo vital que aseguraba la continuidad del ciclo de muerte y resurrección de la naturaleza.
Este ciclo de muerte y resurrección de la planta del maíz estableció, para todos los pueblos mesoamericanos, el paradigma de los procesos de creación. De acuerdo con el proceso de generación del maíz, toda creación forzosamente implicaba el sacrificio de una parte de la vida, y en el caso de la creación de seres o materias vitales, esta creación se verificaba en el inframundo, a través de la transformación de la materia desgastada en energía vital.(2)
Un caso ejemplar del tránsito de la muerte a la resurrección es el que convierte a la planta del maíz en entidad sobrenatural que simboliza la muerte y germinación de la vegetación a través del sacrificio. En un extraordinario vaso procedente del sitio olmeca de Chacaltzingo, Brian Stross descubrió en la iconografía de esta pieza una de las más tempranas manifestaciones del dios del maíz (figura 5) y, a través de esta deidad, la íntima relación mesoamericana entre la creación de la vida (la germinación vegetal) y el sacrificio de la sangre.(3)

Figura 5. Vaso de Chacaltzingo, con una de las representaciones más antiguas del dios del maíz.
Según Stross, este vaso olmeca y el plato maya llamado de Princeton, con el cual compara al primero, tienen como imagen central al dios del maíz. En ambos se distinguen los tres niveles del eje vertical del cosmos: inframundo, superficie de la tierra y región celeste, y son muy claras, sobre todo en el plato de Princeton, las orientaciones espaciales hacia los cuatro rumbos del universo.
La cabeza desmembrada que ocupa la parte central del vaso de Chacaltzingo tiene en su parte media, como sus antecesoras olmecas de la costa del Golfo de México, una hendidura profunda, de la cual brotan hojas de maíz, y en el penacho superior también se representa la vegetación del maíz. Es visible en la boca abierta del dios el diente frontal muy agudo, que es símbolo de los instrumentos dedicados al sacrificio del derramamiento de sangre. Según la interpretación de Stross, la figura del dios del maíz que aparece en estas piezas funciona como un Axis Mundi que liga el inframundo con la superficie terrestre y el cielo, y representa un lugar de transformación, mediación y balance.(4)
Los nuevos estudios que han revolucionado nuestro conocimiento de la cultura maya, también le han prestado atención a las representaciones del dios del maíz. El análisis iconográfico ha iluminado los diversos componentes y glifos asociados a la figura del dios del maíz, los personajes que lo acompañan, y su vínculo con el sacrificio por decapitación y la regeneración de la vida en las profundidades del inframundo. Retomando estudios anteriores, Karl Taube mostró que una característica del dios del maíz maya en la época Clásica es la representación de su cabeza en forma extremadamente alargada -que simula la mazorca de la planta-, su cráneo tonsurado, que asimismo busca alargar la cara, y su apariencia juvenil (figura 6). El dios del maíz es el ideal de belleza, juventud, regeneración y fuerza vital del mundo maya en la época Clásica, y su nombre era Hun Nal Ye: Hun quiere decir uno, Nal grano de maíz, y Ye es un término con varios significados.(5)
Figura 6. Cabeza del dios maya del maíz, Hun Nai Ye.
La identidad de la cabeza del dios del maíz con la mazorca de la misma planta es notoria en diversos objetos mayas y de otras culturas, donde es claro que la cabeza del dios es el equivalente de la mazorca. En estas y otras representaciones la cabeza del dios, desmembrada del cuerpo, alude al sacrificio por decapitación. Al observar la representación de cabezas del dios del maíz en platos y vasos funerarios mayas de finales de la época Clásica, Michael Coe sugirió que éstas representaban la cabeza decapitada de Hun Hunahpú, el héroe mítico maya que primero desciende al inframundo y es decapitado por los señores de Xibalbá.(6) Taube señala que las cabezas decapitadas con foliación de maíz "claramente simbolizan la mazorca cortada de la planta. Es probable que la cabeza desmembrada y tonsurada también represente el maíz cosechado".(7)
Otro paso adelante en el esclarecimiento del simbolismo del dios del maíz y su relación con el inframundo lo dio Nicholas Hellmuth. Al estudiar la cerámica y los monumentos mayas, Hellmuth descubrió un personaje casi siempre representado con aspecto juvenil y cabeza muy alargada, y con un atuendo peculiar, que más tarde Taube identificó como el dios maya del maíz en la época Clásica. Este personaje lleva un collar, un pectoral y una falda ornados con motivos de esferas y cilindros de jade. Su cinturón se compone de una serie de cilindros tubulares, que caen verticalmente, y exhibe un faldellín en forma de red hecho de bolitas y cilindros de jade, y sobre él un medallón de concha (Spondylus) con la efigie del monstruo Xoc. Hellmuth observa que en el tablero de la Cruz Foliada de Palenque (figura 7), Chan Bahlum, el rey que sucede a Pacal en el trono de esa ciudad, porta un atuendo muy semejante al del dios del maíz.
Figura 7. Tablero de la Cruz Foliada de Palenque con las figuras del nuevo rey de esa ciudad, Chan Bahlumn, a la izquierda y del rey muerto, Pacal, a la derecha. En medio se levanta un árbol cósmico, representado por una planta de maíz, de cuyas armas emerge la cabeza del dios del maíz en forma de mazorca.
En esta representación parece que Chan Bahlum, vestido con su espléndido traje verde, personifica al maíz naciente, pues su cuerpo emerge de una hendidura en la cabeza del monstruo de la tierra, de la cual brotan hojas de maíz.(

Siguiendo los caminos abiertos por Michael Coc, Francis Robicsek y Donald M. Hales publicaron The Maya Book of the Death, un libro que contiene una colección extraordinaria de fotografías de vasos funerarios mayas. En las primeras ediciones dedicadas a estos vasos, Michael Coe descubrió que una parte de estas escenas se referían al célebre viaje de los Gemelos Divinos al inframundo que narra el Popol Vuh. El libro de Robicsek y Hales, además de enriquecer la saga de los gemelos con nuevas imágenes, da a conocer otros vasos donde el acto principal es la entrada del dios del maíz en el inframundo y su renacimiento en la superficie terrestre. Así, en escenas muy narrativas y extrañas, el dios del maíz parece enfrentarse, en un medio acuático, a otros personajes que lo amenazan con hachas e instrumentos de decapitación. En otro episodio de esta saga, que hoy nos parece interminable, se le ve en una región también acuática, departiendo con mujeres jóvenes desnudas. En unos huesos labrados encontrados en una tumba de Tikal, el dios del maíz es transportado en una canoa que conducen dos dioses remeros hacia las profundidades del inframundo, donde la canoa termina por precipitarse (figura
Figura 8. El dios del maíz viaja en canoa por el inframundo, acompañado por dos dioses remeros, una iguana, un mono, araña, un perico y un perro, en busca del lugar escondido de los mantenimientos.
Otro vaso presenta tres episodios del viaje de Hun Nal Ye por el inframundo: en la parte inferior el dios aparece en la posición de los recién nacidos, como si acabara de nacer. En la parte superior, los dioses remeros lo conducen en una canoa, y lleva abrazada a su pecho una bolsa con granos de maíz. Es decir, en estas imágenes Hun Nal Ye regresa del lugar donde estaban escondidos los mantenimientos, y por eso carga ahora las preciosas mazorcas amarillas y blancas del maíz. En la escena final de la izquierda, dos mujeres desnudas lo ayudan a ponerse su traje de jade verde (figura 9). En otro bellísimo plato, se ve en el lado derecho a uno de los Gemelos Divinos con un recipiente que contiene los objetos simbólicos del atuendo del dios del maíz, mientras que en el lado izquierdo parece que Hun Nal Ye ejecuta la ceremonia del sacrificio de su propia sangre (Figura 10). Las escenas que muestran a Hun Nal Ye desnudo, y luego en el proceso de recibir los ornamentos y símbolos por los que se le reconoce, son parecidas a las imágenes del Códice de Viena, donde se ve al Ehécatl o Quetzalcóatl mixteco, 9 Viento, recibir sus vestiduras y símbolos de los dioses creadores (figura 11).
Figura 9. Vaso funerario maya que describe tres episodios del viaje de Hun Nal Ye por el inframundo. En la parte superior se ve al dios del maíz en medio de los dioses remeros, con la bolsa de los granos de maíz que ha rescatado de la montaña escondida de los mantenimientos.
Figura 10. Vaso funerario que muestra a uno de los Gemelos Divinos con un recipiente que contiene los adornos y símbolos del vestido de Hun Nal Ye.
Figura 11. Página del Códice donde se ve en la parte superior al dios mixteco 9 Viento recibiendo en el cielo las insignias que lo identificarán como Ehécatl descender del cielo a la tierra, vestido con todos sus ornamentos y símbolos.
Otros vasos presentan a Hun Nal Ye preparándose para su resurrección, asistido por dos mujeres que lo ayudan a vestirse. Antes de ese momento climático, se observa al dios del maíz, ya vestido con su traje de jade verde, ejecutar una danza que anticipa su renacimiento glorioso. El hermoso vaso llamado de Jauncy presenta a Hun Nal Ye vestido con el atuendo de redes de jade bailar la danza que precede a su resurrección (figura 12). Otros vasos que registran esta misma escena, indican que la ejecución de la danza antes de la resurrección era uno de los actos principales de esta saga.(12)



















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